ver a dios
el mundo ya no va a cambiar
hola querides! buenas tardes días noches. Me encuentro en Ciudad de México. Llevo aquí una semana y bueno…no sabría qué decir. Ante todo, descubriendo un nuevo lugar, una nueva vida y un nuevo idioma. Contaría y hablaría de todo lo que he vivido en una semana (se siente un mes), pero la realidad es que siento que eso no importa tanto. Prefiero tratar pensamientos que me cruzan la mente durante estos días. Porque al final, me doy cuenta que el lugar no importa tanto y que mis conversaciones tratan un poco de lo mismo, desde otros puntos, pero de lo mismo: dinero, amor, vivienda, arte, etc. Y todo lo que en algún punto se relaciona con ver la luz, con ver a “dios”. Ayer, por ejemplo, hablaba con un tío de cuándo ves a dios, cuándo vives cosas que te laten. Esa expresión se usa mucho aquí y me gusta.
“me late esto”, “me late lo otro”. Me decía que, por ejemplo, al enamorarte ves a dios. Supongo que habla de dios cuando realmente quiere decir amor, tranquilidad, comodidad, admiración y seguridad en una misma. También hablo de filósofas, de cómo la maternidad en lo contemporáneo está pasando a otras esferas, de cómo lo normativo biparental se queda ya obsoleto y las madres solteras, en realidad, acaban reposando y compartiendo su maternidad con otras mujeres, normalmente más abajo en la escala de privilegios. También de las revoluciones, de cómo el mundo ya no va a cambiar y esas revoluciones pasadas que tenían que ver con la organización colectiva también poco a poco van quedando obsoletas mientras le come el pastel lo individual, lo tecnológico o lo burdo. Amigas, esto no es tanto desesperanzador en esencia si no una alarma de que hay que encontrar otras opciones de supervivencia y de amor, tranquilidad, seguridad en una misma, de otros dioses. Tranquiles, esas opciones existen.
Me he puesto a pensar en mis deidades. Para mi, mucha tranquilidad reside en la palabra compartida y en ver cómo realmente sí hay unas preocupaciones colectivas que tienen que ver mucho con la posmodernidad y en un envejecimiento adelantado de todo en lo que creíamos. Compartir la pena o la preocupación me hace sentir más tranqui. Saber que hay dimensiones en las cosas o apuntar notas con palabras clave que luego ni me acuerdo, me hace sentir tranquilo. También, recaigo en que me encanta tirarme en bolas en la cama limpia después de salir de la ducha, cuando no estoy seco del todo. Inventarme algo, compartir mis recetas y mis canciones favoritas, estimular la imaginación de lo que nos hace sentir libres, me construye una esperanza que no tiene fallo. Porque veo que existe, porque da igual el lugar o de dónde vengas, que el ansia de ver a dios, reside en cada une de nosotres.
No se si se entiende algo, confío en que sí. También la diversidad me mantiene con ganas de seguir. Comparto con personas que hablan mi mismo idioma, a la vez que me doy cuenta de que no hablamos igual y que no me entero de nada. Aquí entra lo que no me falla nunca: el lenguaje no verbal (universal) y las preguntas. Pierdo el miedo a preguntar qué es esto o esto otro, qué has querido decir con esa palabra que para mí significa otra cosa. Y me responden y me aclaran, llegamos a un punto común, aprendo y sigo. No se amigas, no se si llegar a todo esto (que para mí es valioso) es factible sin salir de la rutina y la realidad que habitamos cada une en nuestro día a día, cuando el sistema vence y no te quedan más huevos que convertir la opresión en algo perpetuo. Supongo que siempre hay opciones.
Una costumbre insignificante que me lleva a otras cosas es que muy pocas personas con las que he compartido últimamente utilizan servilletas. Nada tiene que ver con la higiene, creedme. Para mi tienen su utilidad y, supongo, que para elles también. Las conocen, saben de su uso, pero no las incluyen en sus rutinas y pueden vivir sin ellas perfectamente. Estoy constipado por el cambio de entorno y cojo papel higiénico para sacarme los mocos. En otro momento hubiera cogido una servilleta que me lijase la nariz, pero puedo vivir sin ellas.
Todas estas incertidumbres y dispersiones son las que me atraviesan la cabeza de forma muy honesta. Podría ordenar todo un poco más, pero lo cierto es que me atraviesa un desorden de pensamientos bastante encajado que me hace sentir tranquilo y ver con claridad que el agradecimiento por todo lo que vives te lleva a ganar muchas batallas. También ese desorden me justifica que hay muchas encrucijadas que, como las servilletas…son muy útiles, pero se puede vivir sin ellas.
Procedo a sonarme los mocos porque llevo un rato sin hacerlo y ya toca. Antes no me voy sin compartir lo que me inspira, por si te inspira y te hace un poco más feliz. Este vídeo me ha encantado y lo he disfrutado.
Hablamos pronto.
Daniel Clavero <3

